Caer en
un abismo
distorsionado
y grave,
de
pájaros mezquinos
sin
vocación de ave.
Volver
a ser el ritmo
desde
tu propia clave;
que te
asombre el mutismo
de
paredes sin llave.
¡Pero
no me llames! ¡No!
Entonces
no me llames.
No
habrá voz en tu grito,
solo
estará el desgarre
de tus
cuerdas vocales,
digeridas,
por el
engranaje
de tu
esófago auditivo;
por el
adulterio
de tus
vísceras resonantes,
de tus
musicales
intestinos,
melódicos
y ultrajantes.
Y por
la asimilación
de tus
miedos,
en grotescos
sonidos
guturales.
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