En mis palabras estalla la luz de los limones,
siguen los trenes solos rondando con la lluvia,
y el alba llena todas las copas con su vino.
¿Era tal vez la voz de la lluvia llorando
por la entreabierta y húmeda tiniebla de las
hojas?
Nadie vio en mi boca la luna que sangraba,
la furia del vino encarcelado.
Y fui, de rumbo en rumbo, como las aves ciegas,
revelando las sendas
dentro de los jardines del mundo
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