lunes, 2 de julio de 2018

¡OH SOLEDAD!


En este instante en que las horas mueren
sobre la esfera brillante de tus pasos,
quiero acercarme a tí.
¡Ho! Soledad esteril de los cuerpos
que se sumen, de a poco,
en voluptuosas pirámides de carne.
Con el mismo designio de los Dioses,
sin caer en alabansas vanas,
nutro mi audacia
del vago polen de las flores gastadas.
Y allí veo a tus hijos ¡Soledad de las caras!
Y en tu historia marchita
compro la calle antigua
donde cada vitrina expone su estatua.
Sus sedas son viejos temores
que por la acera resbalan.

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